La vida mínima, vida de burbuja en medio del eclecticismo exterior; refugio personal, escondite natural en medio de lo urbano.

Santuario espiritual, de reencuentro con el yo, donde el ente despojado de humanidad regresa a su estado natural, se calma la mente, los sentidos se hacen uno, el espectro se convierte en alma luminosa.

Cambio, transcición, metamorfósis. Capullo regenerador de vida, ciclo, renovación.

El humano no es el centro, lo natural se toma el lugar; escala por las paredes, se cuela por las ventanas e inunda los exteriores, arrullando al ser para que sueñe con su libertad y olvide por un momento que al otro día, al abandonar tal refugio, volverá a ser oveja, un autómata de los hombres grises que esperan en las esquinas.

 

Paréntesis. Quise compartir con ustedes mi proceso creativo arquitectónico; no sólo se proyecta con maquetas, croquis y demases, yo dibujo con palabras. Para que vean que no estoy tan perdida estudiando arquitectura, todas las artes se complementan.